miércoles, 6 de noviembre de 2013

IZAL - "Agujeros de gusano" (2013)

     

   No sé si es más noticia la edición del segundo disco de Izal, o el hecho de que un grupo formado hace tres años escasos esté cosechando un éxito apabullante desde la autoedición. En el último año: “Magia y efectos especiales” (2012), Grupo Revelación en los Premios UFI, participación en cualquier festival que se te venga a la cabeza este pasado verano, grabación de un nuevo disco entre medias e inmediatamente, edición de “Agujeros de gusano” (2013). Teniendo en cuenta que la mayoría de su público potencial aún está descubriendo su primer disco, cabe preguntarse, ¿Se han precipitado? A mí me lo pareció en la primera escucha. En la tercera no tanto. Veamos por qué.  
 
     Los cinco primeros temas constituyen sin duda la mejor parte: “Despedida” es un comienzo exquisito de esos que nos hinchan el pecho, “Asuntos delicados” es una montaña rusa, “Hambre” nos abre el apetito para tragárnoslo todo, “Pánico práctico” y su vuelta de tuerca nos afila las orejas, y “Agujeros de gusano” es, simplemente, el mejor tema de su corta carrera. Musicalmente pasan sin pena ni gloria ocho temas más que no suman mucho al total.

      Mención aparte merecen unas letras que han ganado en consistencia y se presentan más reflexivas y viscerales. Podría decirse que las letras de los cinco primeros cortes siguen la línea intimista de “Magia y efectos especiales”, y a partir del sexto adquieren un tono social muy interesante, a veces como una crónica emocional de estos tiempos oscuros y a veces más directo y reivindicativo, una lírica que no cae en tópicos y nos toca la fibra con metáforas realmente hermosas. Por ejemplo en “Ockham”, un producto para festivales con uo-oh-oh-ohs incluidos y con una letra en las estrofas que apuesta por la vía simple (el de La Navaja de Ockham) para la solución de los problemas (“y cuanto menos recemos mejor calibraremos el alcance, la puntería del impacto”), o en ese Epílogo presentado como una trilogía cuyos títulos (“La duda razonable / La caída del imperio / Resurrección y venganza”) ya nos dicen mucho del cariz político de los últimos textos del álbum, donde se hacen eco de una rabia social con la que es difícil no identificarse, rozando lo salvaje pero con aplomo y solemnidad poética (“Pienso obligarte a mirar cuando transforme mi cuerpo y extraiga mi animal”, ”Recuérdame por qué no debo pensar en respirar más fuerte, más hondo, más limpio, más aire fresco”). 

     Es por eso que en una primera escucha uno tiene la sensación de que hay bastante relleno, y en las siguientes quizás cambiemos de opinión si comulgamos emocionalmente con las letras. Por sí solas las letras no hacen un buen disco, pero en este caso el vaso está medio lleno, más que nada porque la parte vacía no está vacía, y porque hoy en día encontrar cinco buenos temas en un mismo largo que no sea un recopilatorio es una epopeya. Sí diremos, sin embargo, que la parte musical hubiera sido mucho mejor si se hubiera cocinado a fuego lento (sobre todo teniendo en cuenta lo importante que es el segundo disco de un grupo). 

     “Agujeros de gusano” tiene un aire conceptual, sobre todo en la estructura, muy cuidada de principio a fin. La producción, que sigue la línea de sonido de banda en directo, se suma ahora al abuso actual de colchones de teclado, aportando más relleno (para mi gusto innecesario), sonando así un poco más modernos y un poco menos personales. La infinidad de influencias de la banda es una caja de sorpresas y en principio eso supone una fuente de riqueza musical. Luego hay que integrar bien esa abundancia de estilos en las canciones o las canciones quedarán ensombrecidas por el estilo, como ocurre en la (para mi gusto) fallida “Jenna Fischer”. Reconozco que lo que a mí me gustaría es ver una banda mucho más centrada en las composiciones, donde Mikel ya ha demostrado talento y estilo en letra y música con tanta contundencia que lo único que necesita es soporte y acompañamiento. De hecho, al grupo aún le falta ese temazo redondo que de un golpe (Hit) sobre la mesa. 

     Izal suena a Izal y eso es más de lo que cualquier grupo honesto sueña. A ellos parece que les gusta jugar a “¿A que no eres capaz de etiquetarme?”, utilizando como herramienta el constante cambio en la base rítmica y creando así una aparente mezcla de estilos que, sin embargo, a mí me deja una sensación muy lineal. Quizás es una percepción muy personal, pero es que a pesar de las constantes subidas y bajadas la emoción que me acompaña en todo el disco es la misma (guiada por la sonora voz de Mikel y la escala en la que se mueve en sus composiciones). Valorar esa linealidad ya depende de cada cual. Para mí es estupendo que un grupo encuentre su lenguaje y lo explote siempre que tenga ideas y suene vivo. A Izal solo le falta mostrar ese lenguaje sin cortar la fluidez, sin esos silencios eternos o esos cambios de intensidad tan forzados con los que pretenden sorprender constantemente y que, después de varios temas, a lo que llegan a veces es a agotar la paciencia del oyente. En definitiva, cantar sin necesidad de demostrar nada. Porque ellos lo valen. 

Redacción: José A. Perera


   
        

No hay comentarios:

Publicar un comentario