
Los cinco primeros temas constituyen sin
duda la mejor parte: “Despedida” es un comienzo exquisito de esos que nos
hinchan el pecho, “Asuntos delicados” es una montaña rusa, “Hambre” nos abre el
apetito para tragárnoslo todo, “Pánico práctico” y su vuelta de tuerca nos
afila las orejas, y “Agujeros de gusano” es, simplemente, el mejor tema de su
corta carrera. Musicalmente pasan
sin pena ni gloria ocho temas más que no suman mucho al total.
Mención
aparte merecen unas letras que han ganado en consistencia y se presentan más
reflexivas y viscerales. Podría decirse que las letras de los cinco primeros cortes
siguen la línea intimista de “Magia y efectos especiales”, y a partir del sexto
adquieren un tono social muy interesante, a veces como una crónica emocional de
estos tiempos oscuros y a veces más directo y reivindicativo, una lírica que no
cae en tópicos y nos toca la fibra con metáforas realmente hermosas. Por
ejemplo en “Ockham”, un producto para festivales con uo-oh-oh-ohs incluidos y con una letra en las estrofas que apuesta por
la vía simple (el de La Navaja de Ockham) para la solución de los problemas (“y cuanto menos recemos mejor calibraremos
el alcance, la puntería del impacto”), o en ese Epílogo presentado como una
trilogía cuyos títulos (“La duda razonable / La caída del imperio /
Resurrección y venganza”) ya nos dicen mucho del cariz político de los últimos
textos del álbum, donde se hacen eco de una rabia social con la que es difícil
no identificarse, rozando lo salvaje pero con aplomo y solemnidad poética (“Pienso obligarte a mirar cuando transforme
mi cuerpo y extraiga mi animal”, ”Recuérdame por qué no debo pensar en respirar
más fuerte, más hondo, más limpio, más aire fresco”).
Es por eso que en una primera escucha uno
tiene la sensación de que hay bastante relleno, y en las siguientes quizás cambiemos
de opinión si comulgamos emocionalmente con las letras. Por sí
solas las letras no hacen un buen disco, pero en este caso el vaso está medio
lleno, más que nada porque la parte vacía no está vacía, y porque hoy en día
encontrar cinco buenos temas en un mismo largo que no sea un recopilatorio es
una epopeya. Sí diremos, sin embargo, que la parte musical hubiera sido mucho mejor si se hubiera cocinado a fuego lento (sobre todo teniendo en cuenta lo importante que es el segundo
disco de un grupo).
“Agujeros de gusano” tiene un aire
conceptual, sobre todo en la estructura, muy cuidada de principio a fin. La
producción, que sigue la línea de sonido de banda en directo, se suma ahora al
abuso actual de colchones de teclado, aportando más relleno (para mi gusto
innecesario), sonando así un poco más modernos y un poco menos personales. La
infinidad de influencias de la banda es una caja de sorpresas y en principio eso
supone una fuente de riqueza musical. Luego hay que integrar bien esa
abundancia de estilos en las canciones o las canciones quedarán ensombrecidas
por el estilo, como ocurre en la (para mi gusto) fallida “Jenna Fischer”. Reconozco
que lo que a mí me gustaría es ver una banda mucho más centrada en las
composiciones, donde Mikel ya ha demostrado talento y estilo en letra y música
con tanta contundencia que lo único que necesita es soporte y acompañamiento. De
hecho, al grupo aún le falta ese temazo redondo que de un golpe (Hit) sobre la mesa.
Redacción: José A. Perera


