Cuando tenía once años, mi padre me dio un cassette viejo de Paco de Lucía y me dijo: “Toma anda, escucha esto”. Esa misma noche, me puse los auriculares de aquel walkman Sanyo blanco y desde el piso de abajo de la litera que compartía con mi hermano, volé hacia un mundo nuevo. La música apareció ante mí de una manera que nunca lo había hecho: Las falsetas de “Aires choqueros” me aceleraron el pulso y me sentí vivo, la taranta “Fuente y Caudal” me puso los pelos de punta y me sentí frágil, y el trémolo de “Reflejo de luna” fue un bálsamo caliente en mi pecho. Tenía once años, y supe desde aquella noche que la Música lo iba a ser todo para mí. Ya no se trataba solo de notas ordenadas de forma bonita… esto era otra cosa, algo realmente importante. E irreversible.
Cuando oigo a alguien decir que Paco es “el mejor guitarrista del mundo”, siento que no puede verlo. Paco no es un músico, es un hombre que ha creado un Universo. Partiendo del flamenco, sí, pero ha sido mucho más que eso: ha forjado un espacio emocional tan extenso, tan auténtico, que desde hace tiempo el flamenco no sabe existir sin partir del Universo de Paco. Un Universo lleno de belleza, profundidad, soledad, vitalidad y amor: Hecho a medida para la honestidad humana.Somos todo lo que nos hace. La música de Paco de Lucía ha estado en mi corazón cuando me enamoré por primera vez, cuando escribí mis primeros versos, en mis reflexiones, mis viajes, mis dudas, mi intimidad, mis sueños, mis fracasos. Ha terciado en mi forma de pensar, de expresarme, de sentir, de mirar el mundo. Su música ha cambiado el ritmo de mis latidos cuando me construía, ha cambiado el orden de los ladrillos y el material de los cimientos. Mi vida, sin Paco, hubiera sido otra, con total y absoluta certeza.
El pasado jueves, 20 de febrero, en el Homenaje a Enrique Morente en La Riviera, entre tantas emociones intensas, me acordé mucho de Paco. Pensé, como tantas veces he pensado: “Paco, tú no te vayas, ¿eh?, tú no, ¿eh?”. También pensé, como tantas veces he pensado, que de todos los que me han llegado adentro de verdad, después de Morente, sólo me quedaba él. Por eso, el miércoles 26 de febrero a las 9:55 de la mañana, cuando mis amigos me avisaban por mensaje de la noticia, lo primero que pensé fue: “¿Qué voy a hacer yo ahora?".
Sé que mucha gente no entenderá que sienta la pérdida de Paco como la de un ser querido. Pero así es: un ser que he querido, quiero y querré con toda mi alma. Me siento triste por la muerte de una persona tan grande y noble, pero también es cierto que, después de la desorientación que provoca el golpe, he clavado los pies en el suelo, he cerrado los ojos, he escuchado mi corazón y… lo he visto. Está ahí. Como mi sangre. Oxigenando mis células con su taranta.
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