miércoles, 30 de octubre de 2013

BUNBURY - "Palosanto" (2013)



"Palosanto"

     Desde que Bunbury editara con Héroes del Silencio el eterno “El mar no cesa” en 1988, he estado sentado en la primera fila de su particular teatro ambulante. Esa rabia amable, esa forma de llorar cantando tan solemne y a la vez tan familiar, definió la adolescencia de muchos chavales de mi generación. En su tragedia cabaretera él es el único actor y a su vez, el espectador más entusiasmado. Por eso, para sentir las canciones de Héroes había que identificarse con el personaje: el que no se identificaba lo detestó, y los que sí, deliramos hasta el éxtasis con su función en un ejercicio de empatía emocional extrema. Pero claro, la adolescencia pasó y ya no necesitamos héroes que nos digan qué sentir. No queremos ídolos, solo queremos canciones. Y en eso nuestro héroe hacía tiempo que no andaba muy fino. 

     La obra magna de Bunbury en solitario se llamó Flamingos y se editó en 2002. Hace ya 11 años. Luego vino El viaje a ninguna parte (2004), que aunque fue un buen disco, también supuso el principio de su peor etapa como compositor. A partir de entonces se abrió definitivamente al rock y el folklore hispanoamericano y su cante se volvió más dylaniano, o sea, con melodías más renegadas y menos trabajadas. A mi modo de ver, se perdió en ejercicios de estilo y abandonó su parte más creativa (algo muy parecido le ocurrió a Calamaro tras El Salmón). En la última década sus canciones parecen más las de un músico que mata el domingo chapurreando con su guitarra melodías improvisadas, y eso, interpretado como si le fuera la vida en ello, puede sonar muy chirriante.

     Sin embargo y por suerte, en “Palosanto” (Warner, 2013), su octavo disco en solitario, Bunbury ha vuelto a hacer un disco emocionante, porque ha vuelto a hacer canciones.  Ahora todo tiene más sentido: las letras, que giran en torno a la necesidad de un cambio social radical, se desarrollan con mucha credibilidad, sin tópicos incómodos, moviéndose con naturalidad desde una clara combatividad hacia una reflexividad más íntima y honesta; Los santos inocentes, la banda que le acompaña, suena más compacta que nunca y los arreglos tienen tanta efectividad que no se ven; las influencias americanas ya no son gratuitas; la voz, madura en barrica de roble ha ganado notablemente en matices; y las melodías… digamos que no han sido compuestas en domingo.  

     “Despierta”, el primer single, pese a contar en su estribillo con un juego de acordes muy interesante, se encuentra a mi juicio entre los temas más flojos del disco. Representa no obstante una buena pista para intuir por dónde van los tiros de Palosanto.  De las 15 canciones destacamos la luminosa “Más alto que nosotros solo el cielo”;  el trallazo donde estalla para cargarse de forma explícita a la calaña en “Destrucción masiva” (“Es mejor que no te detengas, he decidido acabar contigo”); “Mar de dudas”, posiblemente la melodía más excelente del álbum; “Nostalgias imperiales”, una retrato del panorama desolado en el que sobrevivimos y uno de los momentos más emotivos con un texto soberbio (“Bajo este cielo peregrino y de puro aburrimiento las especies congregadas decidimos subsistir”); y mis dos favoritas: “Los inmortales”, un canto épico que invita a olvidar a esos mártires (bajo tierra) que nos inspiran para ponernos en pie, un tema simple y vibrante, hinchado de inspiración; y la hermosa “El cambio y la celebración”, la crisis como una oportunidad para el progreso (el verdadero, el personal), el cambio como un punto de luz independiente del resultado (di que sí, cualquier cosa es mejor que esto), lento y fluido, calmado pero con paso firme, acunada por una orquesta sinfónica que nos deja un poso de esperanza.

     La producción, a cargo del propio Bunbury, se vuelca en que las canciones suenen vivas, ya sea a través de las pinceladas de un coro góspel, unos synthes muy bien integrados o esa mencionada banda que parece entender a la perfección las ideas del jefe, de la que destacamos la batería de Ramón Gacias, que además de riqueza rítmica aporta una sonoridad orgánica que le da un plus al disco. 

     Sigue sin haber temazos a la altura de “Lady blue”, pero hay momentos en los que se acerca y, teniendo en cuenta lo lejos que estaba, el balance de Palosanto es muy positivo. El Rapahel del rock español tiene tan curtida su faceta como intérprete, es tan indiscutible su originalidad y es tan adorada esa personalidad que tan grande le ha hecho en medio mundo, que lo único que necesita para seguir dejando canciones inmortales en nuestra memoria cultural es ponerse a componer el lunes por la mañana (entiéndaseme la metáfora).  

Redacción: José A. Perera


“El verdadero cambio sólo es posible en un círculo mínimo de amistad o de pareja, la validez y actualidad de la cosmogonía indígena, y la conclusión final de que el verdadero cambio empieza y acaba en uno mismo y que todo cambio, o es verdaderamente espiritual, o no lo es.” 
                             
                                                                                                                  ENRIQUE BUNBURY

jueves, 10 de octubre de 2013

LEÓN BENAVENTE - León Benavente (2013)


León Benavente (portada)
     Cuando una nueva banda está en boca de todos y no le faltan los elogios, me acerco a ella con mucho escepticismo y cuando ha pasado un tiempo. Luego, si el disco es la mitad de honesto que el debut homónimo de León Benavente (Marxophone, 2013), no me corto un pelo en sumarme al clamor general y reivindicarlo como uno de los mejores discos nacionales del año. Es más: me atrevo a decir que si León Benavente hubiera editado su disco  en los ’90, hoy en día sería uno de los pilares del Indie Pop español. 

     ¿Que si estoy queriendo decir que es un disco anacrónico? No exactamente. Es cierto que las formas son clásicas, pero detrás del estilo hay un corazón sincero y eso es un regalazo en estos tiempos de música estandarizada. Es curioso y casi paradójico que en la época donde el Indie está más abierto a otras músicas, destaque por su autenticidad un disco indiferente a la vanguardia. La seguridad en uno mismo versus el histrionismo de quien quiere llamar la atención. Lo que está claro es que León Benavente nunca fue adolescente: Ha nacido ya maduro y está dando lecciones sin ni siquiera intentarlo. Y por supuesto, por encima de todo están las canciones, no me canso de decirlo y ellos lo confirman.

     Sin dejar de ser pop en ningún pasaje, suena un tanto oscuro, desgarrado y, sobre todo, palpitante, precisamente una de las claves para que funcione tan bien: han sabido expresar el sentir de una generación (la mía) en un momento concreto (ahora). No es una obra maestra, pero tiene muchas joyas, y eso en mi lenguaje quiere decir: buenas canciones candidatas a quedarse indefinidamente en el imaginario colectivo. Ahí es nada.

     “Ánimo valiente” es el primer single y resume todas las virtudes que estamos contando. Sorprende que unas letras que se hacen eco de la angustiosa realidad social puedan sonar con tanta naturalidad en canciones pop, como en “Revolución”, o en esa postal de la decadencia del sistema que es “Las ruinas”, o la maravillosa “El Rey Ricardo”, en la que escenifican el abuso de poder con una solemnidad surrealista. También hay sitio para la soledad más intima en “Estado provisional”, mi tema favorito del disco, o para reivindicar el amor en carne viva en una road movie fascinante en “Ser brigada” (mucha atención a la letra, desde ahora una de mis favoritas en español de todos los tiempos). 

     Cuando un movimiento musical se extingue, suele hacerlo de mala manera y por la puerta falsa. Pero si es cierto que el Indie español está dando sus últimos coletazos, con discos como este lo está haciendo con la cabeza muy alta. 

Redacción: José A. Perera