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Se ha ido la eterna sonrisa de
Cuba.
Cuando Fidel llegó al poder
eliminó por decreto el ambiente musical nocturno. Bebo se quedó sin lo que
mejor sabía hacer, así que decidió irse a Suecia a buscarse la vida tocando en
hoteles. Tras su marcha, fue extirpado de los manuales de música popular
cubana: Dejó de sonar en la radio y desapareció de la memoria de su país.
Muchos años después, el tiempo quiso poner las cosas en su sitio y tuvimos la
bendita suerte de estremecernos con su resurrección ("Calle 54",
"Lágrimas negras",...).
Bebo se ha ido, pero esta vez no
vamos a olvidar esa forma de tocar tan única, donde cada matiz es una caricia y
cada nota entrecortada un pequeño suspiro; esa elegancia propia de los genios y
esa eterna sonrisa propia de la gente buena.
"Lo único que le pido a Dios
es que me deje tocar el piano hasta que muera, sea aquí, en China, adonde
quiera que sea", había dicho últimamente. Su patria era su piano. Y ahora,
nuestro corazón es su casa.
Redacción: José A. Perera
